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Mascotas en verano

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Escrito por ImaginaVet   
Lunes, 01 de Marzo de 2010 00:00

Leyenda del gato negro

Un animal ligado al hombre
"...el gato,por su belleza y temperamento, siempre ha estado relacionado con supersticiones y leyendas..."

La historia del gato, está estrechamente ligada a la del hombre desde que en el año 3000 ac, los egipcios lo domesticaran para el control de plagas, debido a la proliferación de ratones en los silos de grano.
Pese a su función práctica, el gato,por su belleza y temperamento, siempre ha estado relacionado con supersticiones y leyendas. Sus primeros dueños, los egipcios, le daban al gato un estatus divino, Egipto incluyó el gato entre sus símbolos sagrados, estaba considerado como la reencarnación de los dioses en el trance de comunicarse con los hombres y manifestarles su voluntad. Incluso en el altar de los dioses había lugar para el felino. La diosa Basset, diosa de la belleza y fecundidad, era representada con cabeza de gato. Tan estrecho era el vínculo entre hombre y animal, que tras la defunción del minino, los habitantes de la casa se afeitaban las cejas en señal de duelo y el animal era momificado y enterrado en lugar sagrado.

El gato llegó a Europa de la mano de los griegos, quienes, conocedores de sus habilidades, intentaron comprar a los egipcios unas parejas para llevarlas a Grecia, pero al estar considerados como animales divinos, los egipcios se negaron, pese a ello los mercaderes griegos siguieron en su empeño y los trajeron a Europa de contrabando.

Cada nuevo pueblo que conocía al animal, sumaba una nueva superstición o leyenda a su historia. Así para los griegos, el origen del gato se remontaba a Artemisa, diosa de la caza, que había dado vida al gato para poner en ridículo a su hermano Apolo, que previamente había creado al león para asustarla.
En Oriente, donde se desarrolló la raza siamés, se explica la leyenda de porqué esta raza tiene la cola característicamente doblada. Los gatos siameses tenían la misión de proteger las ánforas llenas de oro en los templos dedicados a las divinidades. Estos ejemplares cumplían tan bien su tarea que de mirar la vasija se volvieron estrábicos, y como sujetaban firmemente las asas con su cola esta cedió por el peso, y tomó su forma característica..
Por otra parte los Celtas creían que los ojos de los gatos representaban las puertas que conducían hacia el reino de las hadas.

Y precisamente, la vinculación del gato, a este culto pagano, es el que lo abocó, en la edad media, muy cerca de la extinción.
El gato aparecía ligado al paganismo de la Edad Media a través del culto de la diosa Greya, diosa del amor y de la curación según la mitología nórdica. Esta diosa guardaba en su jardín las manzanas con las que se alimentaban los dioses del walhalla y en su iconografía aparecen dos gatos, Bosques de Noruega, tirando del carro de la diosa. Las tergiversacioenes de la mitología, maliciosas o no, dieron lugar a confundir al animal que acompañaba a la divinidad con la divinidad misma. Por ello, el gato se convirtió en objetivo de las "purificaciones" de la Iglesia, al considerarlos la forma metamórfica de las brujas y la reencarnación misma del diablo. El gato negro, concretamente, fue aún mas perseguido que sus congéneres de otros colores, ya que por su color se le relacionaba con la noche y se le consideraba como el mensajero de las brujas.
Aunque no en todo el mundo, el gato negro, y a veces también de otros colores, fue perseguido y aniquilado durante las cacerías de brujas, sobretodo en EEUU, España e Italia, donde se les consideraba como tal, además de portadores de mal agüero. Los animales eran quemados en las hogueras y por cuaresma y San Juan, se organizaban reuniones donde se sacrificaban centenares de gatos. Después de la quema los asistentes cogían un puñado de cenizas de la hoguera y las esparcían por sus casas, para librarse, así, del mal de ojo y de las plagas.

Pero los pueblos que demonizaron a los gatos, se vieron castigados por sus actos, y no precisamente por los dioses o los demonios, sino por algo tan terrenal como la enfermedad. La peste negra fue una devastadora pandemia que asoló Europa en el siglo XIV y que, se estima, diezmó cerca de un tercio de la población del continente. Esta plaga se transmitía por las heces, los parásitos y las mordeduras de las ratas, que ante la exterminación de su principal cazador, el gato, tuvieron el terreno libre para extenderse y procrear.